Camilo Golgi pudo distinguir, a principios del siglo XX, una tintura negra que permitía identificar las neuronas y su interacción, la Reazione nera. Carolina Magnin retoma el título del experimento para colocar una selección de diapositivas de archivos familiares, científicos y de museos arqueológicos en frascos de laboratorio bio-químico, donde ahora flotan en líquido fijador, el mismo que marcó el comienzo de la fotografía cuando se empezó a emplear en el cuarto oscuro para que la imagen pudiera perdurar en el tiempo.

En este caso, las diapositivas, reveladas hace años, vueltas a exponer a la acción del fijador, acumulan partículas salinas que se adhieren a su superficie y, poco a poco, la destruyen. El trabajo de Magnin observa la persistencia de las imágenes-no la conservación-, su forma de resistir ante lo incontrolable: inmersiones excesivas, lluvias, exposiciones demasiado prolongadas a luces, líquidos, vientos.

Reazione nera reúne lo que, en la imaginación, sería el laboratorio científico y el fotográfico. La experimentación controlada choca con el desborde de la fantasía, la tintura negra se expande desde las neuronas hacia las paredes. El recorrido atraviesa transparencias y proyecciones, huellas de un pasado que, siendo inalterable, se modifica ante el paso del tiempo. Mientras tanto, el experimento de Magnin insiste en retornar sobre las mismas imágenes como dando vueltas alrededor de un solo centro, en forma de ronda o de espiral, sin volver jamás sobre las mismas pisadas.

Gabriela Schevach