Article published in “La Nación” newspaper.

adn Cultura [Culture Section]
Saturday, August 21, 2010

Private Worlds

By Diana Fernández Irusta
From the LA NACION pressroom

Images of a not so recent past radiate, ghostly, from the window display of Gachi Prieto Gallery to the streets of a Palermo neighborhood now in the twilight.
“[…] the Timeline exhibition presented by Carolina Magnin at Gachi Prieto Gallery approaches the most emphatic past: the past of those who are no longer here. From a film shot between the 30s and the 40s, accidentally found in a family closet, the artist conceived an installation in which enlarged still frames, projections, digital traces of old analogical formats and objects from the past turn into a singular recreation of what she calls “the fragility of wee memory”.
In these evasive film reels, Magnin found uncles and grandparents in different gestures, movements, in family reunions and at the beach in a strangely modern Mar del Plata. Only during the opening, and thanks to a 16mm projector offered by Hayrabet Alacahan from Cineteca Vida, the film was viewed in its original version, with its texture, gaps and the typical jolting of those old projectors. The rest of the materials are a product of the digitalization of the movies.
Magnin edited that “numeric” product, selected some still frames that were particularly mysterious –the evanescent face of her grandmother, the back-lit silhouette of an uncle, superimposed fragments of the sea-, she printed them on Duraclear sheets (the material used for X-ray plates) and placed them, for their exhibition, in old radiographic plate viewers.
All the images are digitally colored by decision of the author, who was interested in signaling that there had been a passage from one support to another: an appropriation that inevitably produces as many prints as enigmas. As it happens when exercising memory, an archeology that is built from erratic clues, those mechanisms are recreated by Magnin’s poetics. “We are what we are because of the past that transcends us,” the artist reminds us. Like an echo, the recovered film images, projected on a sheet of frosted contact paper, travel around the gallery display and walk, smile or diffuse on the cars driving by on the street.
© LA NACION

lanacion.com
adn Cultura
Sabado 21 de agosto 2010

Los mundos privados

Por Diana Fernández Irusta
De la Redacción de LA NACION


Las imágenes de un pasado no tan reciente se derraman, fantasmáticas, desde el frente vidriado de la galería Gachi Prieto hacia las calles de un barrio de Palermo ya en penumbras.

..." la exposición Timeline que Carolina Magnin presenta en Gachi Prieto aborda el pasado más contundente: el de aquellos que ya no están. A partir de una filmación realizada entre los años 30 y 40, hallada por azar en un placar familiar, la artista concibió una instalación en la que fotogramas ampliados, proyecciones, vestigios digitalizados de viejos formatos analógicos y objetos antiguos se convierten en una singular recreación de lo que ella denomina "la fragilidad de la pequeña memoria".

En esas evasivas cintas fílmicas, Magnin encontró a tíos y abuelos en gestos, movimientos, reuniones familiares y días de playa en una Mar del Plata extrañamente próxima. Sólo el día de la inauguración, gracias a un proyector de 16 mm facilitado por Hayrabet Alacahan, de Cineteca Vida, la filmación pudo proyectarse en su versión original, con su textura, sus saltos y el habitual traqueteo de aquellos equipos de proyección. El resto de los materiales son producto de la digitalización de esas mismas películas. Magnin editó ese producto "numérico", seleccionó algunos fotogramas especialmente dotados de misterio -el rostro evanescente de su abuela, la silueta a contraluz de un tío, recortes superpuestos del mar-, los imprimió en planchas de duraclear (el material que se utiliza en las radiografías) y los colocó, para su exhibición, en antiguos visores de placas radiográficas. Todas estas imágenes están coloreadas digitalmente por decisión de la autora, interesada en dejar constancia de que hubo un traspaso de un soporte a otro: una apropiación que, inevitablemente, imprime tantas huellas como enigmas. De igual modo como lo hace el ejercicio de la memoria, esa arqueología construida a partir de indicios erráticos, cuyos mecanismos recrea la poética de Magnin. "Somos lo que somos, por el pasado que nos trasciende", recuerda la artista. Como en un eco, las imágenes de la filmación recuperada, proyectadas sobre una plancha de contact esmerilado, atraviesan la vidriera de la galería y caminan, sonríen o se difuminan sobre los autos que pasan.

© LA NACION

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